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Anécdotas de la escuela en el campo. Virgen y Castigo

June 17, 2014

El Mede_ Beca_ESBEC_IPUEC_8julio2010

Jamás olvidaré a Rolando. Estudiábamos juntos en la ESBEC, esa escuela en el campo que siempre he odiado.
Afortunadamente gracias a este hijo de puta libré un montón de meses de campo y mis días se redujeron a ayudar en el comedor, la enfermería y ocasionalmente en la biblioteca, esta última con una sorprendente variedad en literatura. Como decía, gracias a Rolando casi nunca tuve que ir a trabajar la tierra, pues siempre busqué la forma de sacar bronca con él, quien era mucho más grande y más fuerte … era un negro que se las traía. Resulta que un día reparé en María, una jevita pelirroja del octavo grado que tenía mi corazón a su merced. Yo estaba en séptimo y el terror me asaltaba las rodillas sólo de pensar en ella. Un día de apagón mientras paseaba por el tercer piso del edificio docente, reconocí su voz, desgraciadamente reconocí también la de Rolando. Entonces entendí que ellos estaban juntos … bien juntos. Fue en ese momento que me vino la idea, como un relámpago seco y sórdido.

– Creo que he resuelto 3 meses de ingreso. Pensé y el eco de mis íntimas palabras resonaba en mi cabeza.

No sé de donde me salió el valor, pero me ajusté el cinturón y me dirigí a hacia la esquina donde María y Rolando estaban a punto de estallar … ella con la blusa desabrochada y la saya a mitad de los muslos … él con las manazas por todas partes… las de él y las de ella.

– Oye tú maricón, esa jeva es mía! Grité y por un momento pensé que la voz no salía de mí. Afortunadamente, la obscuridad no dejaba ver lo aterrorizado que yo estaba.

María no podía comprender, pues jamás había notado mi diminuta existencia … hasta esa noche.

Rolando que no era de muchas palabras, me miró como si yo fuese un bicho del monte que sólo estaba allí estorbando.

Todo fue muy rápido; apenas me dio tiempo a ver una sombra grande y profunda que me golpeaba toda la cara. El gaznatón del negro fue tan enorme, que salí por encima de la baranda desde la cual comencé un descenso libre desde unos 30 metros de altura, durante segundos desesperadamente interminables. El galletón se escuchó en toda la escuela, intercalado en un instante de silencio unánime, como si todos hubiesen callado de repente bajo una orden suprema de dios. Tuve la gran suerte de caer sobre un colchón que otra pareja había conseguido para su segmento sexual debajo del edificio, allí donde se arrastraban las tuberías de nuestros desechos. El forzoso aterrizaje fue de espaldas, me fracturé los dos brazos y las dos piernas además de dislocarme el hombro izquierdo. Yo pretendía convencer a la gente de que había resbalado, sin embargo nadie se explicaba la hinchazón espectacular del ojo derecho.
El plan fue un éxito y el resultado mucho mejor de lo que yo esperaba, pues a pesar de no obtener a María, conocí a Carmen, la mulatica que ayudaba en el pequeño hospital adjunto a la enfermería.

Gracias a Carmen comencé a comprender el sonido incesante de las literas en la madrugada y el gemido febril del sexo adolescente.

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From → Philosophy

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