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Sexo en el baño público

September 26, 2014

thang

Hay situaciones en la vida que se darán una sola vez. Es tal vez por eso que la vida nos parece tan corta, pues medimos nuestra existencia en términos de eventos que consideramos extraordinarios: la primera escuela, la primera novia que en realidad era compartida, el primer beso, la primera paja … para ver que pasa, o el primer país en el que todo nos parecía nuevo.

Yo hace más de 20 años que salí de Cuba y aún la belleza sexual de las suecas me parece irresistible. Hoy vivo en Noruega, y a pesar de que las noruegas son increíblemente atractivas, las suecas siguen ocupando ese lugar en mis más obscuras fantasías.

Cierta vez que venía de regreso a Noruega, mientras esperaba en la estación central de Estocolmo, me entraron unas ganas incontrolable de orinar. Así que me dirigí al lustroso baño público que cuesta 10 coronas. Precisamente en la entrada que da paso a los servicios, precisamente allí después que uno paga, noté la presencia de algo impresionante. Ella estaba delante de mi, en su paso a los baños. Sus hombros de clase poética, cubiertos sólo por su pelo largo, del cual emanaba una fragancia atrapadora, fragancia de mujer que recientemente se ha dado una larga y relajante ducha. Su cintura era brevísima, de las que caben en una sagaz caricia.

Yo casi me abalanzo sobre ella pero el estrecho espacio de entrada hacia el ancho local público me lo impedía. No obstante, una vez los dos dentro, ocurrió algo espectacular. Mientras yo seguía cada uno entre toda su variedad de movimientos, ella se viró de repente, como sabiendo que toda la desesperación de un mundo se le aproximaba … eso, se viró, y con ella toda la tempestad de su pelo …. con ella sus ojos grandes y azules … llorosos …. llenos de encanto … y a la par de todo esto una seña de “ven, entra aquí conmigo”, tomándome del brazo con la sutil dulzura de sus dedos. Ya para entonces, orinar no era precisamente una gran urgencia.

Todo sucedió como un destello. Allí, dentro de ese pequeño espacio que sólo da para lo más necesario, una desnudez febril se apropió de todas mis fuerzas. Sencillamente no podía creerlo, mis manos exploraban cada una de sus partes y ella disfrutaba cada una de las mías. Sus gemidos eran de dolor pornográfico, sus ojos ya no eran azules, sino blancos de decir “quiero más” … su cintura entre mis manos … yo bien adentro en sus entrañas … ella bien lejos en su propio firmamento …

Sólo dos minutos después …. sí, no me avergüenza admitirlo, aquel episodio ya era historia. Sus ropas regresaron a su cuerpo … y segundos después, esta mujer ya no formaba parte de mis alrededores, ni mis verbos en modo imperativo.

Me abroché el pantalón y salí del pequeño recinto, ardiente y triunfante. Una sonrisa inmensa cubría mi rostro y todo mi espíritu daba gritos de “patria o muerte venceremos” … toda mi mente enfrascada en quedarse en aquellos dos colosales minutos … toda mi atención ignoraba la mediocridad del resto del mundo … todo me parec…

… cuatro manos gigantescas se apoderaron de mí. Yo no podía moverme. Todos mis intentos eran fallidos, como en pesadillas de tupidos manglares … Dos negros de tamaño brutal me explicaban, con paciencia filosófica y mórbida, que hay servicios que no por ser cortos son baratos …. y querían su dinero … 6000 coronas … pues la vida en Estocolmo se había puesto muy cara … y las putas aún más … así que querían su dinero … “ahora mismo!!!”. Fueron sólo fragmentos de un segundo de incomprensión lo que me llevó entender lo serio de la situación. Yo no podía explicar que ella me había tomado por el brazo, por sorpresa …. que yo realmente no quería … Pero quién razona con un par de proxenetas tan enormes, tan metidos en su profesión.

Un error terrible de mi parte hizo que tratara de escapar, pues 6000 coronas? De dónde cojones yo iba a sacar tanto dinero! Yo que no tengo trabajo hace tiempo y trato de superarme, para tener más opciones en el mercado de trabajo ….que está muy difícil, casi imposible de penetrar … todo esto explicaba yo con lágrimas larguísimas colgando de mis mejillas … Lamentablemente los dos diablos no me acompañaron en mis sentimientos, y de vuelta estaba yo en el pequeño espacio con aquellos dos tipos y una paliza que también duraría exactamente dos agonizantes minutos.

Tres horas después despertaría en el hospital, sin ropas y sin mis zapatos más queridos, sin mi gorra que decía NY, sin iPad y sin smartphone … y peor aún, sin mis gafas plásticas … 70-retro … de armadura gruesa.

Orgullosamente puedo decir que mi vida se divide en dos partes: antes y después de aquella paliza …. en el elegante y futurista baño público de la estación central de Estocolmo.

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From → Philosophy

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