Skip to content

Sexo en el baño público

thang

Hay situaciones en la vida que se darán una sola vez. Es tal vez por eso que la vida nos parece tan corta, pues medimos nuestra existencia en términos de eventos que consideramos extraordinarios: la primera escuela, la primera novia que en realidad era compartida, el primer beso, la primera paja … para ver que pasa, o el primer país en el que todo nos parecía nuevo.

Yo hace más de 20 años que salí de Cuba y aún la belleza sexual de las suecas me parece irresistible. Hoy vivo en Noruega, y a pesar de que las noruegas son increíblemente atractivas, las suecas siguen ocupando ese lugar en mis más obscuras fantasías.

Cierta vez que venía de regreso a Noruega, mientras esperaba en la estación central de Estocolmo, me entraron unas ganas incontrolable de orinar. Así que me dirigí al lustroso baño público que cuesta 10 coronas. Precisamente en la entrada que da paso a los servicios, precisamente allí después que uno paga, noté la presencia de algo impresionante. Ella estaba delante de mi, en su paso a los baños. Sus hombros de clase poética, cubiertos sólo por su pelo largo, del cual emanaba una fragancia atrapadora, fragancia de mujer que recientemente se ha dado una larga y relajante ducha. Su cintura era brevísima, de las que caben en una sagaz caricia.

Yo casi me abalanzo sobre ella pero el estrecho espacio de entrada hacia el ancho local público me lo impedía. No obstante, una vez los dos dentro, ocurrió algo espectacular. Mientras yo seguía cada uno entre toda su variedad de movimientos, ella se viró de repente, como sabiendo que toda la desesperación de un mundo se le aproximaba … eso, se viró, y con ella toda la tempestad de su pelo …. con ella sus ojos grandes y azules … llorosos …. llenos de encanto … y a la par de todo esto una seña de “ven, entra aquí conmigo”, tomándome del brazo con la sutil dulzura de sus dedos. Ya para entonces, orinar no era precisamente una gran urgencia.

Todo sucedió como un destello. Allí, dentro de ese pequeño espacio que sólo da para lo más necesario, una desnudez febril se apropió de todas mis fuerzas. Sencillamente no podía creerlo, mis manos exploraban cada una de sus partes y ella disfrutaba cada una de las mías. Sus gemidos eran de dolor pornográfico, sus ojos ya no eran azules, sino blancos de decir “quiero más” … su cintura entre mis manos … yo bien adentro en sus entrañas … ella bien lejos en su propio firmamento …

Sólo dos minutos después …. sí, no me avergüenza admitirlo, aquel episodio ya era historia. Sus ropas regresaron a su cuerpo … y segundos después, esta mujer ya no formaba parte de mis alrededores, ni mis verbos en modo imperativo.

Me abroché el pantalón y salí del pequeño recinto, ardiente y triunfante. Una sonrisa inmensa cubría mi rostro y todo mi espíritu daba gritos de “patria o muerte venceremos” … toda mi mente enfrascada en quedarse en aquellos dos colosales minutos … toda mi atención ignoraba la mediocridad del resto del mundo … todo me parec…

… cuatro manos gigantescas se apoderaron de mí. Yo no podía moverme. Todos mis intentos eran fallidos, como en pesadillas de tupidos manglares … Dos negros de tamaño brutal me explicaban, con paciencia filosófica y mórbida, que hay servicios que no por ser cortos son baratos …. y querían su dinero … 6000 coronas … pues la vida en Estocolmo se había puesto muy cara … y las putas aún más … así que querían su dinero … “ahora mismo!!!”. Fueron sólo fragmentos de un segundo de incomprensión lo que me llevó entender lo serio de la situación. Yo no podía explicar que ella me había tomado por el brazo, por sorpresa …. que yo realmente no quería … Pero quién razona con un par de proxenetas tan enormes, tan metidos en su profesión.

Un error terrible de mi parte hizo que tratara de escapar, pues 6000 coronas? De dónde cojones yo iba a sacar tanto dinero! Yo que no tengo trabajo hace tiempo y trato de superarme, para tener más opciones en el mercado de trabajo ….que está muy difícil, casi imposible de penetrar … todo esto explicaba yo con lágrimas larguísimas colgando de mis mejillas … Lamentablemente los dos diablos no me acompañaron en mis sentimientos, y de vuelta estaba yo en el pequeño espacio con aquellos dos tipos y una paliza que también duraría exactamente dos agonizantes minutos.

Tres horas después despertaría en el hospital, sin ropas y sin mis zapatos más queridos, sin mi gorra que decía NY, sin iPad y sin smartphone … y peor aún, sin mis gafas plásticas … 70-retro … de armadura gruesa.

Orgullosamente puedo decir que mi vida se divide en dos partes: antes y después de aquella paliza …. en el elegante y futurista baño público de la estación central de Estocolmo.

Epilogue to “A Family Supper”

A Family Supper is a short story written by Kazuo Ishiguro. The text can be found anywhere on the web.

Epilogue

The pain began slowly and plenty, covering all my stomach, stretching and cutting everything inside me, deep in there, where not even knives would make it through. I could not move, I could not speak. Every word I tried to cry out was like a hopeless mumbling of confusing calls for help. And the pain was there, insisting in staying, eating my senses, crushing me, weakening me, making me fail, putting me down. I was submitted to a daunting process of increasing desperation.

 My mother came near me and started singing a remote song from my childhood. She looked so young. Although she was sad, a mild smile on her pale face revealed signs of guilt and regret. Black tears were coming down from the hair. Her eyes were gone, and yet, some how she was staring at me, shakespearean-like sorry.  She was wearing a white fresh kimono.

Then the incredible pain started pulsing once again, it felt like a dozen hands grabbing and twisting my guts.

 My father was on his knees in the corner of the semi dark room, with a wooden sword half way in into his belly, bleeding profusely. He was calmed, casting a fixed gaze at me, a gaze scattering hate intertwined with remorse.

 My sister Kikuko was standing by him, helping, pushing the sword against his stomach and laughing out loud, her bleached teeth behind evil red lips, a long cigarette between her stylish fingers.

  I just could not believe death was so present, embedded in the very fabric of the family. We are used to take for granted the tiny probability of fatal incidents and go through out our miserable lives searching for the Holly Grail, the bare definition of happiness. I never complain, but I never fight my way up either. I wish I had more friends but I never try to find them either. Love has been missing from most part of my life, yet I wish I would care more about it.  But now, the trip was over, the wandering was about to reach the end. No more oxygen, no more blue sky, no more beach and sand in the heavenly California.

 The pain was intolerable, I was screaming but I could not cry. With a fading trace of hope, I was trying to reach my mother but she started to go away, approaching the well into which she eventually fell down and disappeared …

 … I woke up, it was almost nine. I felt the fresh breeze taking over my room. It smelled wet grass and the impatient singing of the locusts calmed down my mood. The bed was covered with sweat, and my stomach was still aching, perhaps from grabbing it so harsh with my hands – I don’t know.

 The morning appeared open, quite and shiny. I saw my sister through the window, standing by the well, watching the sunrise, smoking a peaceful cigarette and humming that song from our childhood.

 Then father came in and said good morning, he had got worry with my nightmares. A pleasant soft smile came out from his hardened countenance. Sunlight spread out from behind his head. 

I think I will start a new business, son. Have you heard about IBM?’

The return to USA was quite, full of insignificant events during the flights, the airports and the cabs. Any conversation was superfluous to me.  I kept silent all the way back home to California. The solemn Japan was far behind and this new life of mine carved into my bones and filled me with relief. I finally could get on with the past. 

The list

fb_likr

click click lick
so easy to pick

grab the phone
oh yeah now is called smartphone
and call the first one
on the list

set set set
so easy to select

no battery left
still you finally
download the first app
on the list

date date date
so easy to chat

those faces from around the world,
girls, men, women, lonely souls and pedophiles,
meet Candy95, one of the prettiest
on the list

pad pad pad
so easy to get sad

but go outside
and see the blue sky,
the rain coming down on sunny days,
say hello to me, to her, to those from Middle East,
help the elder up, you’ll always get a smile back,
hold that child up, and your spirit will light up

take a bus
go and see the city,
perhaps you’ll notice more trees and lakes
and new buildings on the ground,
perhaps you’ll find someone you really “like”

it is ok to be mistaken – oh, never mind, he is crazy
It is ok to be isolated in your happy state of being kind,
for tomorrow is gonna start all over again, no matter what

so write down the most amazing things
you would ever wanted to achieve
and pick the first one
on the list

Cultural differences

TROLLS - 1992

.. last night I saw a couple of trolls,
whispering in the dark, 
right in the middle of my backyard …
I called 911 …
and 911 trolls raced to my rescue …

… then again, early in the morning
a group of trolls rushed into my door
and knocked on persistently,
I called the police
but I was immediately arrested for being bad samaritan,
a troll had died by exposure, just by my porch …

… by the evening,
I heard a crow screaming loudly outside the station,
the annoying noise got me into a pensive mood
– God damn trolls! I muttered quite angry
but then officer John came and said

– You have been bailed out … by one thousand trolls!

Anécdotas de la escuela en el campo. La clase de inglés

01036_woodstock05_RM
Yo pertenezco a la generación X. 20 años después comenzaría la generación Y, lo que yo llamaría el período romántico del heavy metal, cuando la gente llevaba el pelo largo sin saber porqué, y los policías de pelo corto odiaban a la gente de pelo largo … tampoco sin saber por qué. Pero bueno, todo esto lo viví después de terminada la secundaria, donde comencé mis primeros pasos en el idioma inglés, interrumpidos abruptamente por el ruso, idioma preferido en las escuelas militares Camilo Cienfuegos.

Entré en la secundaria a finales del 1977. Recuerdo que aquel año, 30 de Junio, el Amadeo Roldán se convertía en cenizas durante la madrugada; mi hermano y yo estudiamos durísimo para las pruebas finales. Yo en particular era muy dado a estudiar idiomas extranjeros, sólo que no lo sabía; yo no sabia que tenía facilidad para aprender especialmente el idioma inglés. Ese año lo tengo aún fresco en la memoria pues meses después la Escuela primaria Manuel Valdés Rodriguez yacía bajo un incendio, causa por la cual no podría seguir estudiando allí, donde sólo estuve unas semanas, antes de pasar a la escuela en el campo. Me convertiría entonces en un “azulejo”.

Como decía, yo me sentía particularmente relajado en los idiomas. El viejo me enseñaba francés, y el progreso era significativo, al punto de llegar a hablar con cierta fluidez.

Pero de pronto, me encontraba solo, lejos de mis padres y de mis amigos del barrio. Era otro ambiente, un ambiente que parecía de prisión, donde incluso las alumnas se les insinuaban a los maestros y viceversa. Era la primera vez en mi vida que estaba internado, lo cual me produjo la impresión, no sé por qué, de que a pesar de la atmósfera de recluso, reinaba la hermandad y la fraternidad. Donde los maestros respetaban a los alumnos, los alumnos a los maestros y los alumnos entre ellos mismos. Yo me sentía como de regreso al jardín de la infancia, donde todo era posible.

Mi primera jornada no fue en el campo, sino en las clases. Y entre las primeras lecciones estaba la de inglés. Recuerdo que la maestra era una joven muy sexual.  No recuerdo su nombre. Era una mujer delgada blanca de pelo negro encaracolado que le caía sobre los hombros. Su manera de dirigirse a los demás, muy relajada y confiada, infringía un respeto sobre la gente que tocaba el temor, como si en ella se resumiera todo el terror de estar bajo su autoridad.

Pues sí, esa era mi maestra de inglés. Hablaba el idioma tan fluido, al menos nos parecía, que nadie se atrevía a cantar ni los temas de Bee Gees en su presencia. Y lamentablemente en esa primera clase me tocaría repetir un dialogo que había que aprenderse de memoria:

Bob: Hi Mary, how are you?
Mary: I am fine, and you?
Bob: I am fine too, thank you!

El diálogo era sencillo, pero para un adolescente cubano de los 70´s significaba un reto a la razón … excepto para mí. Así que decidí ser un poco más creativo y me atribuí la libertad de agregar:

Bob: Listen Mary. I like you a lot. Would you like to go down to the basement and fuck?!

Niurca, la muchacha muy graciosa que hacía de Mary, no sabía que decir. Ella buscaba en sus notas de la libreta, pero no encontraba nada parecido.

Realmente no sé de dónde me salieron esas palabras, no sé dónde las había escuchado o aprendido. La frase estaba ahí, en las entrañas de mi mente, esperando un momento oportuno de audacia artística.

Naturalmente mi intento literario no fue acogido con buenos ojos – o con buenos oídos – y la pregunta obvia no se hizo esperar.

– Qué tú dijiste? Preguntó sorprendida la maestra con ojos abiertos y obscuros como el infierno

Yo sostuve un silencio absoluto, en armonía con el resto de los alumnos, para los cuales aquellas palabras sonaban un poco avanzadas, fuera de curriculum, sin embargo intuitivamente fuera de lugar – así como una gran falta de respeto.

La cara de la maestra estaba bien cerca de la mía. Yo podía sentir su respiración en lo más profundo de mi alma, allí donde se oculta el miedo más terrible. Sin embargo me atreví a repetir, con voz temblorosa, inmerso en la duda:

– Listen Mary. I like you a lot. Would you like to ….

Jamás pude terminar la frase. Dos gaznatones, uno detrás del otro me hicieron ponerme de rodillas. El primero vino de la mano derecha que bien abierta se había acomodado en mi cachete izquierdo, a lo que siguió una contundente izquierda, lo cual fue definitivo.

Sólo recuerdo que antes del tercer manotazo, alcancé a decir:

– Oh honey, you like it rough, hu?!

Pienso que la maestra no actuó de manera muy pedagógica. Cualquier buen profesional hubiese premiado mi fluidez y creatividad. Sin embargo, mis ansias de aprender más, fueron suprimidas y truncadas.

Dos años después yo estaba estudiando ruso en “los camilitos”. Y da la gran coincidencia de que alguien repetiría la misma osadía, sólo que esta vez en el idioma de los bolos. Para gran fortuna del joven estudiante, la muy atractiva maestra se apropiaría con placer de la invitación.

The dog

woman-and-dog-2

by the way
did I mention the dog
staring at me, wondering if I was happy?

and it felt like I had to say something
but I just turned my back and shut the door
and it started to rain, heavily
yet, the dog was out there … still wondering …

and I opened the window with a view
and the dog
still out there, now with the sun behind

and then she came along
with flowers and that smile
and waving, and saying – hi Sam honey

and the dog smiled too

yes, I guess I am happy … very happy

Anécdotas de la escuela en el campo. Virgen y Castigo

El Mede_ Beca_ESBEC_IPUEC_8julio2010

Jamás olvidaré a Rolando. Estudiábamos juntos en la ESBEC, esa escuela en el campo que siempre he odiado.
Afortunadamente gracias a este hijo de puta libré un montón de meses de campo y mis días se redujeron a ayudar en el comedor, la enfermería y ocasionalmente en la biblioteca, esta última con una sorprendente variedad en literatura. Como decía, gracias a Rolando casi nunca tuve que ir a trabajar la tierra, pues siempre busqué la forma de sacar bronca con él, quien era mucho más grande y más fuerte … era un negro que se las traía. Resulta que un día reparé en María, una jevita pelirroja del octavo grado que tenía mi corazón a su merced. Yo estaba en séptimo y el terror me asaltaba las rodillas sólo de pensar en ella. Un día de apagón mientras paseaba por el tercer piso del edificio docente, reconocí su voz, desgraciadamente reconocí también la de Rolando. Entonces entendí que ellos estaban juntos … bien juntos. Fue en ese momento que me vino la idea, como un relámpago seco y sórdido.

– Creo que he resuelto 3 meses de ingreso. Pensé y el eco de mis íntimas palabras resonaba en mi cabeza.

No sé de donde me salió el valor, pero me ajusté el cinturón y me dirigí a hacia la esquina donde María y Rolando estaban a punto de estallar … ella con la blusa desabrochada y la saya a mitad de los muslos … él con las manazas por todas partes… las de él y las de ella.

– Oye tú maricón, esa jeva es mía! Grité y por un momento pensé que la voz no salía de mí. Afortunadamente, la obscuridad no dejaba ver lo aterrorizado que yo estaba.

María no podía comprender, pues jamás había notado mi diminuta existencia … hasta esa noche.

Rolando que no era de muchas palabras, me miró como si yo fuese un bicho del monte que sólo estaba allí estorbando.

Todo fue muy rápido; apenas me dio tiempo a ver una sombra grande y profunda que me golpeaba toda la cara. El gaznatón del negro fue tan enorme, que salí por encima de la baranda desde la cual comencé un descenso libre desde unos 30 metros de altura, durante segundos desesperadamente interminables. El galletón se escuchó en toda la escuela, intercalado en un instante de silencio unánime, como si todos hubiesen callado de repente bajo una orden suprema de dios. Tuve la gran suerte de caer sobre un colchón que otra pareja había conseguido para su segmento sexual debajo del edificio, allí donde se arrastraban las tuberías de nuestros desechos. El forzoso aterrizaje fue de espaldas, me fracturé los dos brazos y las dos piernas además de dislocarme el hombro izquierdo. Yo pretendía convencer a la gente de que había resbalado, sin embargo nadie se explicaba la hinchazón espectacular del ojo derecho.
El plan fue un éxito y el resultado mucho mejor de lo que yo esperaba, pues a pesar de no obtener a María, conocí a Carmen, la mulatica que ayudaba en el pequeño hospital adjunto a la enfermería.

Gracias a Carmen comencé a comprender el sonido incesante de las literas en la madrugada y el gemido febril del sexo adolescente.